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No todo en esta vida se trata de apreciar el fan service

El primer gran anime del año llegó en tan solo unos días, a pesar de competir contra Kimetsu no Yaiba y Shingeki no Kyojin. Ese es My Dress-Up Darling, pero si crees que le estás agarrando la onda, déjame decirte que estás equivocado.

Si eres de aquellos que dicen que el anime murió porque ves a dos adolescentes hacer cosas de adolescentes, déjame decirte que el club de los chavorrucos está del otro lado.

Pero si eres también de aquellos que nada más están esperando cualquier oportunidad para sacar sus más bajos instintos porque no sabes cómo entender el desarrollo hormonal de tus pares… eh, muchachos, el basurero queda para allá.

El problema con My Dress-Up Darling es que es fácil perderse en sus nimiedades. Es un anime que se presta mucho a ello, porque hay carne en 2D y temas que hasta parecen memes, como los juegos ecchi y el cosplay, de esos que tanto inundan Reddit y las búsquedas de TierraGamer, ¿verdad?

Pero aunque quieras ignorar el hecho de que todo es más profundo de lo que tu desidia y tu flojera intelectual quieren asegurar, ahí está y tranquilo, que la explicación ya viene.

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Marin Kitagawa es más que lo que tu calentura quiere hacerte cree | Fuente: CloverWorks

En el amplio mundo de la ñoñería, tenemos un sinfín de aficiones y gustos y, en muchos sentidos, aquella cosmaker obsesionada con la costura, la confección y los husbandos en 2D, no es muy diferente de la ingeniera que pasa la madrugada programando un panel LED para que le diga buenos días a su abuelita.

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Y estos gustos, generalmente, son menospreciados precisamente por la pasión que le imprimen aquellos que los disfrutan y ese es, finalmente, el centro de este anime. Kitagawa y Gojo sufren de lo mismo: falta de reconocimiento de sus hobbies.

Este anime comienza con una secuencia en la que vemos de manera clara como el prota de esta historia tiene que ocultar su gusto por la fabricación de muñecas porque “es de niñas”, y la primera vez que vemos a Marin como persona y no como personaje secundario, confiesa su afición por los videojuegos, el ecchi y en convertirse en un personaje aunque sea a través del cosplay.

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Cómo vivimos nuestras pasiones afecta fuertemente nuestro desarrollo personal | Fuente: Square Enix

My Dress-Up Darling nos muestra el encuentro de dos aficiones que se complementan, con una historia de amor adolescente como muchas otras que ya hemos visto siempre durante años.

Sí, hay fanservice, pero es lo tiene desde Evangelion y Cowboy Bebop hasta Shin-chan y Pop Team Epic y antes que nada, hay que recordar que esto no es garantía de que algo sea bueno o malo.

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Lo único que realmente nos puede demostrar que algo es de calidad es su narrativa, su desarrollo de personajes, su animación, dirección y demás cosas que generalmente no reparamos cuando vemos monos chinos para satisfacer nuestra necesidad de escape del mundo real.

Así que guarda la calma. Ve My Dress Up Darling, que el mundo no se va a acabar si ves un anime que no se trata de darse de hostias como panes cada cinco segundos, pero tampoco ignores que debajo de toda esa armadura de banalidades, hay una historia que habla de lo que nos gusta y cómo lo disfrutamos y compartimos.

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