Hay juegos que desde el primer minuto dejan claro que tienen algo especial entre manos. No porque lleguen con una propuesta completamente revolucionaria, ni porque reinventen su género de la noche a la mañana, sino porque sus bases son tan sólidas que basta jugar unos cuantos minutos para imaginar todo lo que podrían llegar a ser. Morbid Metal entra justamente en esa categoría.
El nuevo proyecto de Screen Juice llegó a early access con una promesa muy clara: ofrecer un roguelike de acción con un combate rápido, técnico y espectacular. Y aunque todavía tiene varios aspectos que necesitan trabajo, especialmente en sus sistemas secundarios, también deja ver algo muy importante desde ahora: el corazón del juego late con muchísima fuerza.
Eso es fundamental en un título de este tipo. Después de todo, un roguelike vive o muere según qué tan satisfactorio resulte repetir su bucle una y otra vez. Puedes tener progresión, mejoras, desbloqueables y sistemas complejos por todos lados, pero si pelear no se siente bien, la experiencia se viene abajo tarde o temprano. En el caso de Morbid Metal, la buena noticia es que el combate ya funciona de maravilla. Y eso, para un juego en early access, es probablemente la mejor noticia posible.
Morbid Metal destaca por un combate rápido, técnico y muy satisfactorio
Lo más llamativo de Morbid Metal está en cómo se juega de segundo a segundo. Desde el primer enfrentamiento queda claro que el equipo detrás del juego entiende perfecto la importancia del peso, la respuesta y el ritmo dentro de un hack ’n’ slash. Cada golpe, cada habilidad y cada movimiento se siente diseñado para mantener al jugador en constante tensión, pero también en control.
La base de todo está en su sistema de shapeshift, que permite cambiar entre tres personajes de manera instantánea con solo presionar un botón. Esta mecánica no es un simple truco llamativo, sino el eje central del diseño de combate. Cada personaje tiene dos habilidades principales y un ultimate con sus propios tiempos de recarga, así que la idea es alternar constantemente entre ellos para mantener la ofensiva, construir combos y aprovechar al máximo cada ventana de daño.

Ese flujo convierte a Morbid Metal en una experiencia mucho más dinámica que la de otros roguelikes de acción. En vez de limitarte a un solo estilo de pelea, aquí estás gestionando un pequeño equipo dentro del fragor del combate, leyendo tiempos, improvisando y cambiando de forma a toda velocidad. Puede tomar algo de tiempo acostumbrarse, pero justamente ahí está parte de su encanto. El sistema tiene una curva de aprendizaje notable, aunque también ofrece un techo de habilidad atractivo para quienes disfrutan dominar mecánicas complejas.
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Morbid Metal usa el shapeshift para darle identidad a su hack and slash
Uno de los mayores aciertos de Morbid Metal es que el shapeshift no se siente como un adorno, sino como la verdadera columna vertebral de la experiencia. Cada personaje aporta herramientas distintas y también tiene un contraataque propio al ejecutar un dodge perfecto. Eso hace que incluso las opciones defensivas, que en papel son bastante limitadas, terminen aportando profundidad.
El juego apuesta fuerte por la evasión como recurso principal. Más allá del dodge, no parece haber una gran variedad de opciones defensivas tradicionales, pero cuando logras una esquiva perfecta recibes como recompensa un counter muy vistoso y funcional. Por ejemplo, uno de los personajes puede lanzar a los enemigos por los aires, abriendo la puerta a juggle combos y a una agresividad todavía mayor.

Este tipo de decisiones hacen que Morbid Metal se sienta muy bien armado en sus fundamentos. No necesita llenar la pantalla de sistemas innecesarios para engancharte. Le basta con darte herramientas concretas, reactivas y expresivas para que pelear se vuelva algo emocionante por sí mismo. Encadenar habilidades, cambiar de forma en el momento adecuado y rematar enemigos con ultimates deja una impresión poderosa, de esas que hacen pensar que el juego ya encontró su mayor virtud.
Morbid Metal todavía falla en sus elementos roguelike
Ahora bien, que el combate sea tan bueno también tiene un efecto curioso: hace todavía más evidentes las áreas donde Morbid Metal se queda corto. Porque si bien la acción es muy satisfactoria, el resto de su estructura roguelike todavía no está al mismo nivel.
La fórmula general de las runs es familiar: avanzas por áreas, entras a una sala, derrotas enemigos, obtienes una mejora y repites el proceso. El problema no está en que el juego use esa estructura, sino en que por ahora no siempre consigue que esas decisiones se sientan especialmente emocionantes. En otras palabras, el bucle existe, pero todavía no explota todo el potencial que debería tener.

Las Routines, que funcionan como modificadores importantes para las habilidades, no parecen ofrecer suficiente variedad ni generar sinergias tan marcadas como las que distinguen a los grandes exponentes del género. En un buen roguelike, cada run puede transformarse por completo gracias a combinaciones inesperadas, cadenas de efectos o builds que evolucionan de maneras sorprendentes. En Morbid Metal, por ahora, esa sensación no termina de despegar.
Y ahí está el gran punto débil del juego en su estado actual: aunque el acto de pelear es electrizante, las recompensas y decisiones que sostienen la repetición todavía se sienten algo secas.
Morbid Metal necesita mejorar sus builds y sinergias en early access
El problema no solo pasa por la falta de variedad en las Routines. También hay otros sistemas, como Corporas, que se perciben demasiado simples, ya que en buena medida se enfocan en aumentos planos de estadísticas. Ese tipo de mejoras pueden ser útiles, pero rara vez generan emoción por sí solas. No cambian radicalmente tu manera de jugar ni obligan a repensar una estrategia.
Por otro lado, los Devil’s Bargains parecen tener más potencial porque introducen decisiones de riesgo y recompensa, algo que suele funcionar bastante bien en este tipo de juegos. Sin embargo, también se menciona que tardan en desbloquearse, así que su impacto no se percibe tan pronto como debería.

Otro aspecto que le resta fuerza a la progresión es la fricción entre habilidades y mejoras. A veces puedes encontrarte con una habilidad poderosa, pero decidir dejarla pasar porque no encaja con las elecciones que hiciste anteriormente. Y aunque esa clase de decisiones puede formar parte del género, aquí no siempre se siente como una elección interesante, sino más bien como una pequeña frustración.
El resultado es que algunas recompensas pierden valor en lugar de sentirse como oportunidades. Y en un roguelike, donde la emoción de avanzar depende muchísimo del entusiasmo que generan las mejoras, ese detalle puede terminar pesando más de lo esperado.
Morbid Metal tiene el tipo de problemas que sí puede corregir
La parte alentadora de todo esto es que Morbid Metal no parece estar fallando en lo más difícil. Arreglar o expandir sistemas de progresión, añadir nuevas sinergias, balancear recompensas y diseñar más variedad en las builds es una tarea compleja, sí, pero mucho más manejable que intentar rescatar un combate roto o una base jugable sin chiste.
Y justo por eso el panorama para el juego luce prometedor. Morbid Metal ya tiene una identidad muy clara, una sensación de impacto bien conseguida y una estructura de combate que invita a seguir jugando. Si Screen Juice logra enriquecer los sistemas alrededor de esa base, el resultado final podría ser muchísimo más redondo.

Esa es precisamente la ventaja de un lanzamiento en early access: permitir que el juego crezca sobre una base funcional en lugar de tratar de reconstruirse desde cero. Aquí el trabajo pendiente es visible, pero también lo es el potencial.
¿Deberías seguir la pista a Morbid Metal?
La respuesta corta es sí. Morbid Metal todavía no parece estar al nivel de los grandes referentes del roguelike de acción, pero ya demuestra una cualidad que muchos títulos tardan mucho en encontrar: se siente increíble jugarlo. Y eso, dentro de un género basado en repetir una y otra vez el mismo núcleo, vale muchísimo.
También ayuda que su precio de entrada se perciba razonable, sobre todo tomando en cuenta que el juego todavía está en construcción. Para quienes disfrutan apoyar proyectos en crecimiento o quieren entrar temprano a una propuesta con fundamentos fuertes, este puede ser uno de esos casos donde el riesgo se siente justificado.
Claro, todavía necesita más variedad, mejores sinergias, recompensas más emocionantes y una estructura secundaria que acompañe la calidad de su combate. Pero incluso con esas reservas, Morbid Metal deja una impresión positiva. No porque ya sea una obra terminada, sino porque se nota que debajo de sus carencias actuales hay algo genuinamente bueno esperando explotar.
Al final, Morbid Metal no se presenta como un producto perfecto, sino como un proyecto con muchísimo potencial. Su combate rápido, técnico y basado en el shapeshift ya tiene la fuerza suficiente para atrapar a quienes buscan un hack and slash con personalidad. Ahora solo falta que sus elementos roguelike crezcan a la misma velocidad.
Si lo consigue, no será solamente una curiosidad prometedora del early access. Podría convertirse en uno de esos juegos que terminan ganándose un lugar fijo en la rotación de cualquier fan del género.
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