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¿Qué tan feminista es el anime actual? Entre la representación y el fanservice

El anime contemporáneo tiene encima una hidra que exige mejoras en las narrativas y sí, esto se circunscribe al feminismo postmodernista.

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Estamos a nada del 8 de marzo, pero siempre vale la pena meditar un poco el tipo de contenido que consumimos, por ello, vengo con una pregunta incómoda, ¿qué tan feminista es el anime contemporáneo? Las mujeres “empoderadas” que adoramos por sus diseños, transformaciones e ideologías, ¿qué tan woke son? Y hasta qué punto persisten sus arquetipos heredados de las primeras apariciones de las bien conocidas beautiful fighting girls, que van más allá de las mahō shōjo y de las guerreras al estilo de Maki Zenin?

Partamos de algo elemental, la noción del otaku, su cultura y comunidad. Sabemos que se parte de la idea de que los otaku son una parte de la población —originalmente japonesa— que es percibida como “infantil”.

Cuando las primeras concepciones del otaku vieron la luz en 1970, se comprendió esta comunidad como un grupo con alta sensibilidad visual, capaz de fusionarse con un mundo que reflejaba ciertos traumas y represiones de la cultura japonesa de ese entonces. En ocasiones se alegaba la obsesión y la incapacidad de desenvolverse socialmente. 

Desde esta perspectiva y en este contexto inicial, los primeros otaku tenían conflictos acerca del género, la sexualidad, la identidad nacional y el desarrollo normativo de sus sistemas en (re)construcción. Así que parte de la cultura otaku fue una especie de refugio y/o escape —dependiendo del teórico— de la realidad más inmediata.

Sin embargo, más que una incapacidad de distinguir realidad y ficción, lo que diversos estudios señalan es una inversión afectiva intensa en lo ficticio. Inevitablemente, en medio de esto aparecieron múltiples representaciones de lo femenino.

Uno de estos ejes fue la mujer japonesa que, desde los constructos más rígidos de esa década, era socialmente codificada como pasiva y domesticada, ante lo cual nuevos arquetipos reflejaron otras posibilidades dentro del contexto del manganime.

Cabe mencionar, ¿por qué las beautiful fighting girls son “japonesas” y se vinculan principalmente a la industria del manga, anime y videojuegos? Porque, como señala Tamaki Saitō (psicólogo y crítico japonés; 1961), emergen de una ecología mediática específica donde deseo, consumo y ficción se entrelazan. Sólo eran plenamente legibles ahí.

¿Qué es una beautiful fighting girl y por qué es importante reconocerla en el anime actual? 

Estas figuras son consideradas no sólo una continuidad, sino una reconfiguración de la imagen de la mujer japonesa que se sugiere como emblema simultáneo de agencia y cosificación. Desde esta perspectiva, las tiernas y lindas mahō shōjo suelen mostrar mucha “carne” mientras combaten, produciendo una tensión entre vulnerabilidad visual y potencia narrativa.

La crítica Anne Allison bautizó este fenómeno dentro de la lógica de la “fable of the fierce flesh”, donde emerge una corporalidad femenina que lucha, pero cuya visualidad sigue organizada para el consumo —así que, mira y escucha a Tamaki de Fire Force con cuidado—. Ahí yace una de las principales distinciones entre héroes y heroínas.

En Psychoanalysis of Beautiful Fighting Girls (2000) de Tamaki Saitō se abre la discusión acerca del trauma de la sexualidad en una sociedad marcada por la infantilización de lo femenino. Desde esta perspectiva, la identidad nipona no confunde realidad y ficción, sino que utiliza la ficción como espacio para procesar ansiedades sobre sexualidad y vínculos sociales que persisten en la contemporaneidad.

En este sentido, muchas mujeres han sido dibujadas con características recurrentes: hipervisibilidad corporal, codificación moe y diseños que oscilan entre la autonomía narrativa y la objetualización visual. Un caso particularmente sugerente y en boga es Maki Zenin.

Si te late el tema de la hechicera favorita, revisa el siguiente artículo: “¿Todas somos Maki Zenin?” Rabia, justicia y feminismo incómodo en el shōnen moderno.

El anime contemporáneo tiene encima una hidra que exige mejoras en las narrativas y sí, esto se circunscribe al feminismo postmodernista.
Fuente: estudio MAPPA.

Dibujar a una mujer para que se convierta en un objeto en pleno siglo XXI: el inagotable caso de Maki Zenin

Desde la lectura lacaniana que retoma Saitō, las beautiful fighting girls pueden entenderse como figuras donde el síntoma histérico es desplazado o neutralizado narrativamente. En la lógica de la “fable of the fierce flesh”, muchas chicas luchan sin un arco teleológico tan definido como el de los protagonistas de shōnen y, pese a experimentar eventos traumáticos, la narrativa tiende a reinscribirlas rápidamente en la normalidad funcional.

En teoría, la histeria expresa el trauma de la sexualidad y lo somatiza. No obstante, Maki Zenin —por mencionar un caso— sobrevive a una masacre y se mantiene operativamente intacta; y sabemos, Maki no es una asesina insensible, su emocionalidad ni siquiera se asemeja a la de Tōji Zenin quien, se muestra en ocasiones más afectado por sus acciones, entonces, ¿qué sucede con Maki?

Esto no sólo responde a una supuesta introspección cultural nipona —que se repliega—, sino a una economía narrativa que privilegia la continuidad de la figura antes que la exploración del daño.

El anime contemporáneo tiene encima una hidra que exige mejoras en las narrativas y sí, esto se circunscribe al feminismo postmodernista.
Fuente: estudio MAPPA.

Algo que se sugiere de manera tajante es que Maki encarna nuevamente a Tōji Zenin; incluso Gege Akutami ha señalado que deseaba recuperar a su querido personaje. Más que “tener un cuerpo de hombre”, lo que ocurre es una masculinización funcional de sus códigos de combate, lo que le otorga agencia, pero también desplaza la pregunta por una potencia femenina propia.

No obstante, ¿qué sentido tiene hacer que Maki se asemeje a Tōji? Desde esta perspectiva, resulta escandaloso considerar que el anime usa a este tipo de mujeres y las presenta como “empoderadas” que no requieren ayuda, cuando en muchos casos su legitimidad narrativa pasa por la adopción de parámetros tradicionalmente masculinos de fuerza, frialdad y eficacia.

El anime contemporáneo tiene encima una hidra que exige mejoras en las narrativas y sí, esto se circunscribe al feminismo postmodernista.
Fuente: estudio Shuēisha.

Si te interesa el tema, continua la lectura aquí: De la hipersexualización al borrado del cuerpo de las valquirias en Record of Ragnarok § Rent-A-Girlfriend: la edulcorada historia de la mercantilización de las mujeres o Rent-a-Girlfriend: esta es la razón por la que te duele tanto que Chizuru haya rechazado a Kazuya.

¿Qué tan empoderada es tu protagonista favorita de anime contemporáneo?

Y bien, ¿qué tan woke es tu protagonista favorita? En realidad, la fuerza emocional y mental de las mujeres en el anime, aunada a su forma de gestionar y a su capacidad para transmitir sus deseos, emociones e inquietudes, está lejos de tener una sola fórmula; de hecho, las múltiples narrativas prefieren una exploración que permita la libertad de sus perfiles y facetas.

Sin embargo, incluso este tipo de mecanismos de acción se vinculan a su físico, el cual nos permite una lectura elemental de ellas e indica para quién fueron creadas y cómo se espera que sean recibidas. De esta forma, el problema no es que sean fuertes, sino cómo lo son, ya que responden a parámetros de un público particular.

En este punto, el llamado “empoderamiento” femenino dentro del anime rara vez escapa a las lógicas del mercado que lo producen y distribuyen. Más que una liberación plena, muchas protagonistas encarnan un empoderamiento condicionado por consumo, diseñado para ser admirado, rankeado y, sobre todo, vendido.

El anime contemporáneo tiene encima una hidra que exige mejoras en las narrativas y sí, esto se circunscribe al feminismo postmodernista.
Fuente: estudio MAPPA.

Ahora, las mujeres de anime que te roban el corazón, ¿qué poseen de forma compleja? ¿Has explorado sus preocupaciones y comprendes la forma en que perciben y se desarrollan en el mundo? ¿Usan sus fortalezas de la manera “adecuada” para ellas? Las ambiciones narrativas que las presentan, ¿son compatibles con un arquetipo que las muestra rebeldes o que aceptamos correspondiendo a una apariencia visual?

El empoderamiento de nuestras mujeres en el anime se vincula de manera directa con su compatibilidad en el mercado; por ello, las waifus sobreviven y puntúan alto en los rankings, sin importar los cambios de temporadas. No se trata de que no sean queridas ni de que posean un cuerpo que se aparte de lo hegemónico impuesto históricamente, sino de que sean personajes complejos, con facetas y con potencial de sensibilidad y moralidad libres, pese a lidiar con lo que ello provocaría en el fandom, que no espera ciertos tipos de mujeres.

El anime contemporáneo tiene encima una hidra que exige mejoras en las narrativas y sí, esto se circunscribe al feminismo postmodernista.
Fuente: estudio MAPPA.

Entonces, ¿qué tipo de mujeres miramos en las pantallas del anime? Esto sin mencionar los conceptos de air doll, las dakimakura y las figuras de colección, además del concepto de moe-girl, kawaii girl, loli girl y demás acepciones que revelan la persistencia de una economía afectiva que infantiliza lo femenino incluso cuando lo arma para la batalla. 

Desde esta perspectiva, las mujeres del anime ¿realmente logran expresar la lucha de las mujeres o simplemente vuelven a generar, desde perspectivas masculinas, lo que significa aceptar el cuerpo, la sexualidad y la fortaleza en pos de las necesidades de un espectador masculino? ¿Qué opinas tú? Te leo en comentarios.

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