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Por qué personajes como Maki Zenin demuestran que el anime aún no rompe sus estereotipos femeninos

Maki Zenin y demás protagonistas parecen muy woke, pero ¿has pensado detenidamente su "ruptura de estereotipos"? Te revelo la verdad.

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Para este momento los feminismos y sus respectivas comunidades tienen variables construibles y polémicas, ante lo que es inevitable que las formas de construir mujeres en el anime sean particularmente complejas e inestables. Sin embargo, mujeres como Maki Zenin parecen romper los estereotipos por medio de una ilusión de empoderamiento que responde a las necesidades del lector shōnen meta. ¿Quieres más detalles? Aquí te los comento.

Vamos a ser justos: la idea de la feminidad es compleja y, si mayormente los varones construyen mujeres, es sencillo que caigan en sus propias concepciones de lo que (re)conocen como femenino y sus comportamientos, pensamientos y emociones derivadas. 

A final de cuentas, el régimen patriarcal es una cuestión compleja en Japón, una sociedad de por sí jerárquica y con rígidos códigos de formación y comportamiento para todos sus ciudadanos.

Si te interesa más del tema: Gachiakuta: Ludo golpeó visceralmente a Empool, y (re)formó el feminismo.  

En principio, la idea de la contemplación e introspección es una consideración particular, desde el código samurái hasta la conformación de Japón y la ruptura de la nación tras las represalias de la Segunda Guerra Mundial que, cabe mencionar, no sólo humillaron y mataron de hambre a la nación del Sol naciente, sino que también forzaron a una sociedad llena de orgullo —y donde la vergüenza tenía gran peso— a escuchar a su príncipe como un ente real.

Sí, no como un descendiente divino ni como estirpe sobrehumana, sino como algo que reflejó una derrota doble y mucho más profunda. Tras ello, la represión y la configuración de una nueva identidad encontraron en el anime un medio de desfogue y refugio ante las distintas normas complicadas en las que se desenvolvía una nación divina humanizada de la forma más traumática posible.

Tras esto, los protagonistas de shōnen —huérfanos, marginados y despreciados— poseían algo especial por desarrollar para que, al configurarse como adultos, los demás reconocieran su valía. En paralelo, los géneros de mecha clásicos destacaron la hibridez y la desmoralización del cuerpo atravesado por la imaginación de las explosiones de Hiroshima y Nagasaki. Era inevitable, entonces, que los personajes femeninos también entraran en este contexto narrativo en el que, como en gran parte de la historia cultural moderna, predominaban los autores varones.

Maki Zenin y demás protagonistas parecen muy woke, pero ¿has pensado detenidamente su "ruptura de estereotipos? Te revelo la verdad.
Fuente: Wit Studio.

La idea de la mujer en el shōnen

No se trata sólo de la complejidad de expresión de la sensibilidad. Si tomamos como referencia el estereotipo japonés de la “represión” —desde una perspectiva occidental de la comunicación emocional—, el uso de gestos y acciones para generar profundidad no siempre se traduce en agencia femenina plena, por lo que los géneros josei y shōjo, con todas sus complejidades, quedan parcialmente fuera de esta estructura de construcción de las mujeres en el shōnen, ya que usan otras herramientas para perfilar y desarrollar a sus personajes femeninas. 

Ahora bien, es cierto que el shōnen tiene un público meta que quiere ver el camino de un héroe que se desarrolla con mucha acción y, desde luego, el anime como producto mercantil necesita satisfacer a su audiencia. Ahí radica parte del problema.

El movimiento feminista ha permitido que las críticas alrededor de los personajes femeninos aumenten y exijan mejores caracterizaciones; sin embargo, el camino es largo, ya que lo que recibimos suele ser una ilusión de progreso encarnada en figuras como Maki Zenin.

Maki Zenin y demás protagonistas parecen muy woke, pero ¿has pensado detenidamente su "ruptura de estereotipos? Te revelo la verdad.
Fuente: estudio MAPPA.

Las grandes personajes de los últimos shōnen populares lo muestran: Sakura y Hinata de Naruto responden a arquetipos claros —la insistente maternal y la silenciosa devota— que sostienen la narrativa del héroe masculino. Las mujeres están, muchas veces, para orbitar alrededor de ese centro.

Por otro lado, tenemos a Yor Forger, una mujer de dos máscaras: en el hogar es torpe pero adorable; fuera de él, una asesina de sensualidad implacable. La fantasía funciona porque no rompe el orden doméstico.

Y luego está Maki Zenin.

Acerca de la favorita: Maki Zenin y la ilusión de la hechicera empoderada

Desde luego, el feminismo está en tendencia —para bien o para mal, según la postura—, por lo que la inserción de personajes femeninos más combativos es necesaria. Sin embargo, la pregunta no es si pelean, sino bajo qué lógica narrativa lo hacen.

Maki Zenin, para descubrir todo su potencial, requirió el sacrificio de otra mujer. Dos mujeres para producir una sola fuerza “completa”: la lógica interna de la energía maldita lo explica, pero el subtexto es incómodo.

Ahora, Maki tenía una figura de hechicera basada en la lucha cuerpo a cuerpo; sin embargo, al configurarse al estilo de Tōji, hereda un modelo de poder codificado como masculino. Pelea como él, encarna lo que lo hacía irresistible. Tras la muerte de su hermana, su justicia explota en forma de violencia comprimida durante años y destruye al clan, pero: no destruye al patriarcado. 

Maki Zenin y demás protagonistas parecen muy woke, pero ¿has pensado detenidamente su "ruptura de estereotipos? Te revelo la verdad.
Fuente: estudio MAPPA.

Pero aquí emerge la tensión: Maki casi no procesa emocionalmente la masacre. Su interioridad queda silenciada. Es llamativo cómo Gege Akutami mantiene a sus personajes femeninos “activos”, pero reencauza su identidad hacia un formato funcional para el shōnen: la guerrera eficiente.

En este sentido, Maki no se endurece para destruir la estructura patriarcal que la oprimió, sino que termina operando dentro de su misma gramática de poder. La agencia de Maki no desaparece, pero sí se reconfigura para hacerla, irónicamente, una Zenin más dentro del sistema que la violentó.

Si te interesa más del tema: “¿Todas somos Maki Zenin?” Rabia, justicia y feminismo incómodo en el shōnen moderno.

El anime no rompe los arquetipos de las mujeres, pero ¿va por buen camino?

De esta manera, el ilusionismo del empoderamiento se vuelve una nueva exigencia de las narrativas dirigidas a adolescencias woke que lo demandan; sin embargo, es difícil que las narrativas hegemónicas del shōnen se desapeguen de sus moldes patriarcales originarios. A final de cuentas, cada narrativa cumple un propósito cultural específico.

No obstante, los tiempos cambian, y lo más importante es detectar estos modus operandi en las obras que amamos y que se limitan a colocar la cuota necesaria de “mujeres empoderadas” accesibles al gusto de su audiencia.

Maki Zenin y demás protagonistas parecen muy woke, pero ¿has pensado detenidamente su "ruptura de estereotipos? Te revelo la verdad.
Fuente: estudio Wit.

Cabe mencionar que mucho radica en que la cultura del anime se vertebra en los fandoms y en el consumo de sus contenidos físicos —Blu-ray, figuras de colección y artículos varios: joyería, afiches, ropa…—, por lo que la necesidad de que las waifus sean comerciales resulta un punto estremecedor.

Por ello, el problema no es que waifus como Maki Zenin encubran un ilusionismo de mujer empoderada en desarrollo, sino que se mantenga la comercialización de lo femenino en extensión a la ficción, cuando la mujer nipona ha vivido bajo una regencia patriarcal particularmente agresiva, marcada por el dominio silencioso y las jerarquías rígidas. Así, el anime parece buscar —de manera sigilosa— insertar figuras al estilo de Maki Zenin como parte de una nueva asimilación de la mujer empoderada aceptable dentro de parámetros masculinos y, encima de ello, reutilizable como capital.

Ahonda acerca del tema aquí: ¿Qué tan feminista es el anime actual? Entre la representación y el fanservice

Ahora bien, lo complejo no radica únicamente en que la fuerza de Maki Zenin se alinee con las expectativas de la mirada dominante, sino en que resulta profundamente rentable. Las mujeres del anime vuelven a erigirse como entes casi divinos, moldeables desde estructuras masculinas. Ante esto, la pregunta es inevitable: ¿tenemos un anime que realmente busca construir personajes femeninos libres o simplemente asistimos a una reforma del shōnen desde los moldes más antiguos de su propio sistema? 

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