Maki Zenin es una de las hechiceras más queridas por el fandom de Jujutsu Kaisen; sin embargo, tras el cuarto episodio, nuevas facetas del personaje salieron a la luz. Esto desató una polémica que va desde la supuesta influencia occidental en la adaptación del manga hasta la construcción misma de Maki dentro del universo de la hechicería.
Maki Zenin no posee energía maldita, por lo que utiliza un artefacto para poder verla: sus lentes. Ōgi, su padre, pertenecía a la rama principal del clan Zenin, junto a Naobito —padre de Naoya y tío de Maki—. Su madre era igual que ella y, además, dio a luz a gemelas: Maki y Mai, lo que terminó por sepultar las posibilidades y el estatus de su rama familiar dentro del clan.
En la hechicería, tener un gemelo implica que un mismo ser está dividido en dos, es decir, un ser incompleto. A esto se suma que las mentalidades de las hermanas eran opuestas: Mai tiene que quedarse en el hogar asfixiante y opresivo del clan, mientras que Maki intenta progresar al margen, en el escuadrón Kukusu. Mai, atrapada en una identidad frustrada como hechicera “débil”, termina por convertirse en el reflejo más cruel de ese sistema que las condenó desde su nacimiento.
Y ahí comienza la verdadera historia de Maki Zenin.
La evolución de Maki Zenin como personaje y la polémica alrededor de “su” capítulo
Los inicios de Maki Zenin: una ilusión romántica y el germen de la destrucción
Desde el inicio, Maki Zenin tuvo un objetivo claro: destruir al clan Zenin, aunque no a su gente, sino a sus líderes de visión marchita, violenta y profundamente opresiva. Las mujeres del clan —y también los hombres, recordemos a Tōji— fueron despreciados y tratados como entes prescindibles. La leyenda del clan sobrevivía a costa de las personas que eran forzadas a mantenerlo a flote en sus reglas inhóspitas.
Lo que Maki buscaba era forjar un lugar mejor en el que pudieran vivir tanto Mai como ella misma. Siempre fue firme, pero también amable. Tendió la mano a sus compañeros y el vínculo que se atisbó con Yuta Okkotsu abrió una lectura distinta de su carácter. Ese anhelo de un futuro distinto parecía, incluso, posible.

Maki Zenin es “maldita” por Mai: ¿cuáles fueron las palabras finales de su hermana?
En el cuarto episodio de la tercera temporada de Jujutsu Kaisen, Maki descubre la confabulación del clan —una estrategia ideada por Ōgi, su padre— para asesinarlas y presentarlas como traidoras. Siempre fueron una falla dentro del sistema. Sin embargo, en el último momento, Mai decide entregar su energía a la mujer que siempre quiso avanzar: Maki.

En ese instante, repite las palabras de la infancia: “acaba con todo”, “destrúyelo todo”. Estas frases permiten múltiples lecturas. En la hechicería —y en cualquier sistema mágico— las palabras funcionan como cadenas: pueden unir, pero también para aprisionar. Las últimas palabras de un moribundo pueden operar como bendición o como maldición.
Jujutsu Kaisen ha insistido en este punto: desde las palabras finales del abuelo de Itadori —“Eres un chico muy fuerte, así que ayuda a las personas […] Cuando llegue tu momento de irte, asegúrate de que estés rodeado por otros. No termines como yo”—, pasando por Nanami —“Te dejo el resto a ti”—, hasta llegar a Mai — “Destrúyelo todo” no es solo una petición: es una condena—.
Mai murió entregando lo último de su energía. Se convirtió en la herramienta que permitiría a Maki desatar todo su potencial. Su fuerza solo emergería cuando esa energía se desplazara a un único contenedor. A partir de ese momento, Maki queda sola, pero completa.
Tras esto, Maki asesina a los miembros del clan Zenin que sostienen los rangos jerárquicos tradicionales. Extermina al escuadrón Hei —integrado por los hechiceros más fuertes del clan: Jinichi, Ranta, Chojuro y Naoya Zenin—; así como al escuadrón Kukuru, una unidad compuesta por hombres sin técnicas malditas innatas, dedicados al combate cuerpo a cuerpo y al uso de armas, un reflejo directo del propio camino de Maki.


La desesperación en medio de un episodio hollywoodense
La batalla de Maki fue convulsiva, llena de vísceras y destrucción ejecutadas con una calma perturbadora. El episodio confirmó, además, un homenaje directo a Kill Bill de Quentin Tarantino.
Desde la decapitación de Ōgi —eco de la ejecución de O-Ren Ishii—, hasta el uso del blanco y negro en la pelea masiva contra el escuadrón Kukuru —referencia clara a los 88 locos—, la adaptación apostó por una coreografía estilizada, sangrienta y explícitamente vengativa. A esto se suman los ángulos de cámara bruscos, el ritmo acelerado y el uso dramático de la katana.
Este homenaje conmocionó a parte del fandom japonés, que argumentó que el anime está excesivamente influenciado por Occidente. En redes se señaló que no había nada “japonés” en la resolución de la venganza, ya que la violencia visual anuló la sensibilidad contenida y el “grito silencioso” asociado a la tradición estética japonesa —sí, hago una referencia inevitable a Kenzaburō Ōe—.


Para otros, sin embargo, el silencio y la serenidad de Maki evocan una ética y sensibilidad samurái: una aceptación de la desgracia, del deber y de la muerte, cercana al seppuku. Maki ejecuta su venganza con una calma que recuerda a esa resignación digna, aunque envuelta en dinámicas visuales propias del cine occidental.
Ahí reside la tensión: una venganza japonesa narrada con códigos hollywoodenses. Se añade, desde luego, el “grito silencioso”, un alarido nipón ancestral: gritar hacia adentro, desbordarse en la oscuridad de las entrañas.
El final de Maki Zenin y los problemas de Gege Akutami con sus personajes femeninos
La evolución de Maki también abre una discusión inevitable sobre la escritura de Gege Akutami. Entre los fanáticos se repite una crítica constante: la dificultad del autor para sostener a sus personajes femeninos. Nobara desaparece durante largos arcos, Mai muere, Maki se desfigura física y simbólicamente tras Shibuya, y Mei Mei se convierte en uno de los personajes más moralmente cuestionables de la obra.
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La historia de Maki Zenin no termina con la destrucción del clan, lo que es una belleza; hacia el final de Jujutsu Kaisen, nuestra hechicera muere tras una vida longeva a lado de Yuta.
No obstante, nos deja con la idea incisiva de que, en Jujutsu Kaisen, la violencia nunca es solo física: el lenguaje, la herencia y la familia operan como auténticas maldiciones, una de las quejas ancestrales de Japón —sí, recordemos a Osamu Dazai—. La venganza de Maki no es un estallido irracional, sino el resultado de un sistema que le creó un destino, sin embargo, hay palabras que tanto la condenaron como la apoyaron para cumplir no sólo su venganza, sino en la generación de un nuevo camino para los Zenin.
El desenlace de Maki junto a Yuta ofrece otra lectura posible: la de una mujer que, tras crecer en un espacio inhóspito, perder a su hermana y cumplir una venganza que la marcó desde el nacimiento, intenta reconstruirse. Legando un nueva virtud en el dolor, que va más allá de las estéticas occidentales u orientales. Destaca la idea de la humanidad y las múltiples formas de flanquear la honda pena.
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