Uoto, el autor 100 Meters, y también el creador de Orb: Movements of the Earth, se presenta como uno de los mangakas más lúcidos del momento. Su obra previa (Orb) destacó la lucha ideológica ficticia en torno al heliocentrismo durante la Edad Media, y vertebró los tonos “insospechados” de oscuridad en los seres humanos. De nueva cuenta, 100 Meters (Hyakuemu) destaca estas profundidades y de una manera maravillosa, desbordante de pasión y dudas existenciales.
100 Meters (Hyakuemu) fue seleccionada en el festival de Annecy de 2025, así que, la animación artística, los apartados de sonido y la atractiva historia, están más que certificados como entregas de alta calidad. Son toda una experiencia. Realmente Hyakuemu es esencial para terminar y comenzar el año (muy al estilo uroboros).
¿Qué puedes esperar de 100 Meters (Hyakuemu)?
La belleza artística en la animación de 100 Meters (Hyakuemu)
100 Meters (Hyakuemu) posee escenarios particularmente detallados y simbólicos, por lo que resultan bastante emotivos; y de hecho se reflejarán como espejos en el paso del tiempo de la vida de los protagonistas. Además, catalizarán las preocupaciones de los personajes, ya que la historia nos muestra a un elenco de corredores de cien metros, de distintas edades, temperamentos, ideologías de vida, y sueños.
Durante el filme, llegará el momento crucial de la carrera más importante, en este no sólo se escucha sino que se hace la lluvia, es uno de los paneles más bellos que legó 2025 para el por venir. Si bien, el spokon está lleno de pasión y amargura, la mezcla del dúo de los personajes principales de 100 Meters (Hyakuemu) es hondamente compleja y al mismo tiempo simple; no podría haber sido más sustancial en manos de otro autor.
El dúo protagonista, como el agua y el aceite, de 100 Meters (Hyakuemu) es sencillamente exquisito. Invita a la reflexión del carácter y sensibilidad humana.

¿De qué se trata 100 Meters (Hyakuemu)?
Todo comienza con un par de niños que corren cien metros. Togashi es un niño amable que ve la vida desde sus dotes más predominantes: todos lo admiran porque corre muy rápido y destaca, tiene un lugar en el mundo. Desde este nido, él crece amable y gusta de conversar con los demás. No tanto de intimar, pero es bueno generando lazos. Por otro lado, se encuentra Komiya, un niño solitario con quien coincide un breve momento en la escuela, y de hecho, se percata de que le gusta correr tanto como él.
Sin embargo, Komiya usa sus pies para huir, mientras que Togashi usa sus pasos para acercarse más a sí mismo, para disfrutar. Sus perspectivas de las carreras son muy diferentes y de hecho, lejos de la ideología, en cuestión técnica, Komiya corre mal: no sabe correr. Por lo que, le pide consejos a Togashi, antes de desaparecer sin despedirse. Togashi lo instruye de manera generosa para luego seguir su propio camino que, inevitablemente, lo llevará a cruzarse con él nuevamente.
Si bien, ambos jóvenes crecen y se mantienen en el campo, lo hacen de maneras muy distintas; además de que su breve interacción los marca y los une de manera intermitente pero concisa. Mientras Komiya continua mejorando su técnica con el anhelo de generar un nuevo récord y vencer tanto a vivos como a muertos, Togashi considera cada paso como un nuevo, encuentra una forma de aprender y apreciar.
Luego de una lesión en la adolescencia que lo hace dudar de su camino de vida y de sus dotes (debido a la cual también tiene un punto de inflexión en su carrera profesional más adelante), el chico fortalecido vuelve a encontrar a su joven amigo en la pista, aún más claro en sus pasiones y pensamientos. De cierta manera, Togashi jamás perdió el rumbo, mientras que Komiya no logró evitar desviarse cada vez más de este, cabe mencionar que jamás logró mirar el piso de la misma forma que Togashi.

Togashi quien ha sido “menos exitoso” tiene claros los objetivos y sensaciones que lo anclan a la pista, nunca ha dejado de lado la emoción por la que todo comenzó. Lo amargo y lo dulce de la derrota y de la victoria forjan una vida completa y gratificante, desde su perspectiva. No corre por honor ni reconocimiento, corre porque ama correr, se esfuerza por sentir diez segundos al máximo.
Así se pinta un Togashi que es un “prodigio”, mientras que Komiya se debe al sobre esfuerzo y nace de una naturaleza cerrada y espinosa. Al carecer del “brillo”, se desgasta buscándolo, hasta la ausencia de su germen original, de su propio gusto por correr, si bien, lo hacía de manera agresiva, seguía siendo muy su estilo.
Es cierto que llega el momento en que ambos se confunden, no obstante, el hecho de reencontrarse les otorga nuevamente la fe en sí mismos y les recuerda la razón por la que corren. Komiya recuerda que esta se aleja mucho de ganar las carreras, si bien siempre ha corrido egoístamente, tampoco fue lo único que lo motivó.
Todo ello afianza la naturaleza humana que va del egoísmo y el sufrimiento hasta la red de apoyo que suponen las personas en el mundo, independientemente de lo agraces que puedan llegar a ser, nada les quita la calidez que emanan y el rumbo que, por contraste, puedes encontrar a través de ellas.

El desarrollo de la rivalidad en la cultura japonesa: más allá del spokon y del shōnen
El shōnen de acción siempre presenta una pareja de amigos que compiten por el reconocimiento y la mejora de habilidades, al ser tan cercanos, se esfuerzan de manera indirecta por el contacto (por las expectativas). De esta forma, surgen como marginados y se transforman en héroes que protegen al mundo y se vuelven parte de él. Pese a las dificultades y amargos recuerdos, ingresan a este sistema que los excluía y ahora con un título ejemplar.
Por su parte, la pasión de los spokon cultivan nuevos vértices, en los que destacan más las fallas realistas y la estructura del mundo y del cuerpo que, pueden impedir la elevación de los personajes de distintas formas, además de que se complejiza la frustración. En este sentido, la rivalidad suele pesar más que el vínculo fraternal, de manera inversa que en el shōnen clásico.
No obstante, 100 Meters (Hyakuemu) logra derrumbar esto para generar un equilibrio tenebroso: renueva la propuesta de la rivalidad del shōnen y del spokon y da rienda suelta a una humanidad más sincera, aunque más estrecha, agobiante y excluyente.
La generación de estos sentimientos por medio de la animación de Rock ‘n’ Roll Mountain es simplemente maravillosa. Mitológica; como sólo los trazos de Uoto pueden abordar.
¿Dónde puedo ver 100 Meters (Hyakuemu)?
La película de anime llegó al catálogo de Netflix el 31 de diciembre de 2025; además, cabe mencionar que Orb: Movements of the Earth, también está disponible en la plataforma. Esta fue una serie de anime que arrasó en otoño de 2024 por la complejidad de la naturaleza humana que construye y que está lejos de ser bondadosa y valiente como se suele ser destacada en los shōnen de acción.
Orb: Movements of the Earth está compuesta de 24 episodios. Estuvo en manos de estudio Madhouse (Frieren: más allá del viaje). Mientras que 100 Meters (Hyakuemu) estuvo en manos de Rock ‘n’ Roll Mountain (“Música”).
“Música” contó con diferentes galardones y nominaciones, puedes revisarlas aquí.
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