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El amor en Jigokuraku no es romántico: es ético

Jigokuraku rompe el cliché del romance en el anime: Sagiri y Gabimaru construyen un vínculo basado en ética y la evolución moral.

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Una de las grandes polémicas en Jigokuraku surge desde la posibilidad de leer un romance entre Sagiri y Gabimaru, hasta la manera en que los convictos se vinculan con los nobles espadachines del clan Yamada Asaemon. Más allá de la tensión afectiva que atraviesa estas relaciones, el seinen propone una reflexión distinta sobre el amor: una construcción basada en la ética, el aprendizaje mutuo y la transformación personal.

Sabemos que la idea de moral y ética en Jigokuraku vertebra gran parte de la obra. Las parejas que son enviadas a la isla para buscar el elixir de la inmortalidad están conformadas por asesinos y verdugos; sin embargo, existe una diferencia fundamental entre ambos grupos. 

Los convictos viven fuera de las normas del Shōgun, pues no actúan en su nombre, mientras que los espadachines del clan Yamada Asaemon son asesinos legitimados por el Shogunato, una institución que determina quién debe morir y bajo qué condiciones. En este sentido, la violencia en la serie no solo funciona como herramienta narrativa, sino como una forma de explorar sistemas de poder y justicia.

No obstante, cuando las parejas pisan la isla, la convivencia comienza a transformar sus ideales. No están aislados, y se dan cuenta de los vacíos de sus propias éticas personales. 

Los personajes no solo luchan por sobrevivir, sino que eventualmente también aprenden a comprender el sistema de valores del otro. Chōbei y Tōma representan el vínculo fraternal llevado al límite de la supervivencia, desde su infancia y hasta la isla, además de sus distintas fortalezas. 

Tenza y Nurugai construyen una relación que oscila entre la amistad y un afecto que sugiere tintes románticos. Tenza no se explica por qué Nurugai ha sido condenada a muerte y lucha como una caballero intentando salvar su vida, sin saber que es una mujer. Tras la desafortunada muerte de Tenza, Nurugai permanece junto a Shion, el maestro del joven, y le pide ser instruida. Ambos comparten un lazo construido a partir de la memoria y el duelo, lo que transforma su vínculo en una relación basada en el aprendizaje y la continuidad simbólica.

Por otro lado, Yuzuriha funciona como una figura que inspira a Senta, quien consigue morir de manera libre y digna, mientras que Fuchi y Tamiza sostienen un vínculo rígido pero profundamente comprensivo, ya que ambos buscan conocimiento a través de métodos poco convencionales. 

Jigokuraku rompe el cliché del romance en el anime: Sagiri y Gabimaru construyen un vínculo basado en ética y la evolución moral.
Fuente: estudio MAPPA.

En todos estos casos que formula Jigokuraku, la narrativa sugiere que el afecto no necesariamente depende del deseo romántico, sino de la capacidad de influir en el desarrollo moral del otro.

En un marco más amplio, las parejas en Jigokuraku también cuestionan la binariedad tradicional de la feminidad y la masculinidad. Estas categorías se abren como un abanico de posibilidades que combinan deseo, fortaleza, sensibilidad ética, empatía, liderazgo y vulnerabilidad. Esta ruptura se vuelve aún más evidente cuando aparecen los Tensen, cuyas transformaciones corporales desafían las nociones rígidas de identidad, género y permanencia física. 

Su existencia introduce la idea de que la identidad es un proceso mutable, lo que dialoga con la evolución emocional-ética de los protagonistas humanos.

Jigokuraku rompe el cliché del romance en el anime: Sagiri y Gabimaru construyen un vínculo basado en ética y la evolución moral.
Fuente: estudio MAPPA.

Jigokuraku: El amor como principio ético

Al observar las distintas parejas que prevalecen en la narrativa de Jigokuraku, se vuelve evidente que el afecto adopta múltiples formas: camaradería, amistad, admiración e inspiración. Incluso Shugen pierde la poca compostura que posee al encontrar el cadáver de Eizen. En muchos casos, no existe una implicación sexo-afectiva directa y, sin embargo, la calidez emocional atraviesa toda la historia. Esta construcción alcanza su punto más claro en la relación entre Sagiri y Gabimaru.

Desde esta perspectiva, ambos personajes terminan configurando una relación cercana a la idea del nakama: compañeros que trascienden la amistad para convertirse en familia elegida. Sagiri es una de las primeras en reconocer que Gabimaru no está vacío. Él posee un lugar al que desea regresar y una persona a la que quiere proteger. 

Esta convicción explica su capacidad para matar sin vacilar. En contraste, Sagiri, pese a contar con la aprobación social para ejecutar condenas, enfrenta una profunda inseguridad moral que le impide confiar plenamente en su espada, a ello se añaden los prejuicios con los que carga al ser una mujer que debería heredar del manera directa el título cabezal de su padre. No obstante, Gabimaru es alguien que sabe guiarla sin juzgarla en este camino de incertidumbre. 

Jigokuraku rompe el cliché del romance en el anime: Sagiri y Gabimaru construyen un vínculo basado en ética y la evolución moral.
Fuente: estudio MAPPA.

El encuentro con Gabimaru modifica esta visión. A través de la convivencia, Sagiri comienza a replantear su relación con el castigo y la muerte. La confianza en su espada surge no como una aceptación ciega de la violencia, sino como el resultado de comprender su responsabilidad ética. 

Por su parte, Gabimaru desarrolla una nueva forma de entender la protección y la lealtad hacia sus compañeros, una transformación profundamente influida por la memoria de Yui, su esposa, quien representa su ancla emocional y moral. Y que, no obstante, Sagiri es quien le da la oportunidad de practicar ese conocimiento teórico. 

De esta manera, la relación entre ambos personajes se construye a partir de un intercambio ético. Cada uno reconoce en el otro una posibilidad de cambio. Sagiri aprende a aceptar su papel dentro del sistema sin renunciar a su humanidad, mientras que Gabimaru recupera la capacidad de vincularse emocionalmente con otros.

Jigokuraku rompe el cliché del romance en el anime: Sagiri y Gabimaru construyen un vínculo basado en ética y la evolución moral.
Fuente: estudio MAPPA.

El vínculo entre Sagiri y Gabimaru como transformación moral

La convivencia entre Sagiri y Gabimaru permite que ambos personajes revelen su esencia sin necesidad de juicios. En este proceso, registran una nueva forma de existir como asesinos. Gabimaru posee una determinación que Sagiri aún no logra comprender del todo, mientras que Sagiri encarna una nobleza moral que Gabimaru apenas comienza a reconocer.

Lejos de funcionar como una pareja romántica tradicional, su vínculo se sostiene en la complementariedad necesaria en este tipo de conflictos éticos. Ambos recuerdan constantemente su núcleo identitario y, como compañeros, cumplen la tarea de apoyarse en los momentos más críticos. Esta relación demuestra que, dentro de Jigokuraku, el amor no se define por el deseo romántico, sino por la capacidad de transformar la ética personal a través del otro.

Jigokuraku rompe el cliché del romance en el anime: Sagiri y Gabimaru construyen un vínculo basado en ética y la evolución moral.
Fuente: estudio MAPPA.

En última instancia, la obra sugiere que el afecto puede convertirse en una herramienta para resistir la violencia estructural que domina el mundo de la serie. Amar, en este contexto, significa reconocer la humanidad del otro, incluso cuando ambos están atrapados en un sistema que legitima la muerte e incluso la hace necesaria en la cotidianidad de ambos.

Así, Jigokuraku presenta una visión del amor que se construye desde la responsabilidad moral, la compartida y la posibilidad de redención.

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