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La maldición de la portada de Madden

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El juego de John Madden tenía una maldición sellada para quienes estuvieran en su portada

La portada de los videojuegos de Madden pronto se convirtió en una obsesión para los jugadores de la NFL. La popularidad de la industria, así como el prestigio que otorgaba saberse la cara de toda la organización para el siguiente año no era poco para cualquiera, pero a partir de 1999, algo extraño comenzó a suceder.

La maldición del Madden

A penas en su segundo año, Garrison Hearst de los 49ers estableció récords de franquicia y un sinfín de marcas que le valieron ser uno de los jugadores más destacados de toda la temporada, con todo y a pesar de que los Broncos de John Elway terminaron una temporada de ensueño.

Hearst fue la cara de Madden 99 y con ello comenzó la maldición. En el segundo juego contra Atlanta, se rompió el tobillo derecho, causando baja para el resto de la temporada. Nadie se explicaba la inesperada lesión, porque al igual que en las historias de caballería, los héroes solo se lastiman en el calor de la batalla para regresar más fuertes.

Con la inauguración de la maldición de la portada de Madden, 13 años seguidos (vaya número) cualquier jugador que formara parte de la carátula de este juego se lesionó de manera significativa para afectar a sus equipos y sus aspiraciones; y esta curiosa coincidencia afectó desde a hall of famers, como Brett Favre, Larry Fitzgerald y Drew Brees, hasta a novatos estrella e incluso a leyendas del juego físico, como Ray Lewis y Troy Polamalu.

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Michael Vick se lesionó sin siquiera comenzar la temporada el año de su portada en Madden | Fuente: NFL

El fin inesperado de la maldición

En 2012, Peyton Hills se llevó la portada luego de una temporada digna de Hollywood, con un cambio de posición, el comienzo en la banca y una temporada de más de 1 mil 500 yardas combinadas. La maldición parecía inminente, pero como los Browns son especiales en arruinarse hasta lo malo, no le afectó. Sin embargo, solo jugó 10 partidos y su rendimiento bajó bastante, derivado de algunos problemas contractuales y molestias físicas a mitad de temporada. La efectividad de esta coincidencia fue muchísimo menos impactante, pero cualquier pensaría “vamos, son los Browns”.

Este era solo un aviso de lo que realmente podía terminar con una maldición así: Calvin Johnson, el Megatrón de la NFL fue el siguiente en la lista de portadas… y tuvo una temporada de récords y juegos icónicos, que marcaron su carrera y solidificaron su leyenda como uno de los mejores receptores que han jugado el juego en la era moderna… y jugando en los Lions.

A partir de ese año, la maldición de Madden solo ha pegado en dos ocasiones, una para Rob Gronkowski, el Zar de las lesiones, y para Adrian Peterson, que a partir de ese año solo pudo tratar de paliar el daño que se hizo sobre su pie. Sin embargo, todos los demás años hemos visto a los jugadores estrellas sanos y, a pesar de tener buenas o malas temporadas, terminarlas.

El cambio en el estado del juego

La forma en que se juega la NFL ahora es sumamente diferente de como se jugaba hace dos décadas. El juego físico, violento y dominante de los equipos leyenda de las últimas décadas del Siglo XX cambió para volverse mucho más justo con la salud de todos los integrantes del deporte.

La maldición de Madden, más que una terrible coincidencia, fue la marca y la seña de lo terriblemente devastador que era para los jugadores una temporada intensa de seis meses de golpes constantes. Hace dos décadas era común ver a los jugadores romperse cada tanto en cada temporada, por lo que aparecer en la portada era solo una coincidencia desafortunada.

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Rob Gronkowski no pudo escapar de la maldición ni de las lesiones durante toda su carrera | Fuente: The Boston Globe

Sin embargo, la liga y los jugadores han pedido cada vez más cambios a las reglas para defender sus estados físicos durante lo que dure su carrera y para la posteridad. Asimismo, la mejora en los equipos de protección, bajo las tecnologías modernas, es mucho más eficiente que con los simples pads acolchados de antes.

Ahora es posible ver a un viejo de más de 40 años jugar al mismo nivel físico que la siguiente estrella de la liga y las lesiones son cada vez menos graves en la mayoría de los casos. Esa sí es la maldición que se tenía que romper.

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