Reseña: Goodbye Eri – el mejor manga de Tatsuki Fujimoto tras Chainsaw Man

Goodbye Eri, la más reciente obra de Tatsuki Fujimoto en la Shonen Jump, es un one shot que despertó rápidamente la atención tanto de la crítica como de la comunidad lectora del manga y no es para menos, estamos tal vez frente a la confirmación del mejor mangaka de la actualidad, que desde Chainsaw Man no ha parado de sorprender.

Tatsuki Fujimoto es uno de los pocos autores de manga actuales que saben mezclar el ritmo frenético y despreocupado para las grandes masas, mientras que al mismo tiempo discurre historias profundas y llenas de emociones intensas que suelen estamparse contra la barrera dolorosa del absurdo.

Así es como comienza Goodbye Eri, en el que Yuta, un joven adolescente de secundaria, recibe la noticia de que su madre morirá. Esta, al saberse desahuciada, le pide que la grabe hasta el momento de su muerte… y así lo hace. Desde momentos triviales como la comida, hasta las visitas al hospital, él comienza a grabar todo momento, esperando el día en que su madre no despierte de nuevo.

De todos estos clips, Yuta conformó una película que presentó en el festival de la escuela. Sin embargo, en el final, al despedirse de su madre, decide explotar el hospital en el que ella estaba esperando su último momento.

Esta inesperada brutalidad es parte del sello de Fujimoto y también lo que guía Goodbye Eri. Ese estilo repleto de sobresaltos y de absurdos que contrastan la realidad y la sobriedad de sus temas, es la constante de este one shot, que por supuesto recrea grandes partes de sus trabajos anteriores, pero que lo lleva más allá en casi todos los aspectos.

Goodbye Eri, un manga one shot sobre el cine, la muerte y el absurdo | Fuente: Shonen Jump

La muerte, como un signo cultural, es la parte más complicada de la vida. La modernidad nos ha hecho conscientes de nuestra propia mortalidad, pero también nos permite verla en el horizonte y convencernos de que en este aviso existe una esperanza de evadirla, pero como podemos ver desde Epícuro, la muerte es la nada y la nada nadea.

Tras ella, solo se ciernen las cruces y los traumas que viven aquellos que se quedan. Aquellos que reviven el absurdo en cada recuerdo que les pasa como una película frente a sus ojos. Una cinta que se desvanece y reta a cada segundo su memoria, su interpretación de la vida; sus culpas no sanadas y ahora estancadas; sus llantos no escuchados; sus dilemas sin resolución; su vida destajada y destruida por la inevitable fecha de caducidad humana.

Para Fujimoto, el drama de Yuta solo es expresable con esa explosión que patenta al final de su película. Profanando la muerte, quitándole ese velo solemne que la enmarca y poniendo en entredicho al lector, que puede imaginarse esto solo como el fervor obsceno del cine de superhéroes o la acción occidental que no supo cómo responder después del 9/11.

Tras esta nueva escena traumática, Yuta conoce a Eri, una compañera de la escuela que tiene por afición ver películas en lugares abandonados, quien le encomienda a nuestro protagonista ver todos los días tres películas y después hacer una segunda cinta.

Eri fue la única que se conmovió con la película de Yuta | Fuente: Shonen Jump

Es curiosa la forma que adquiere aquí el cine y el mero acto pasivo de mirar una película. En muchos sentidos, este es un acto solitario a pesar de hacerse en compañía. En la primera sesión de películas que tienen, Eri le recuerda a Yuta que tiene que quedarse callado para poder admirar el cine con ella. La introspección que conlleva sentarse en un espacio oscuro, sentado y desprovisto de cualquier injerencia sobre el resultado tiene características prácticamente oníricas.

Así es como se siente cada paso de la vida de Yuta: como un sueño. Incluso él mismo lo reconoce así. Se ha dedicado a observar su vida, a ser solamente un espectador, alguien que mira en segundo plano y que se regodea de todo lo que sucede a su alrededor.

Yuta y Eri encontraron refugio en ver películas en lugares abandonados | Fuente: Shonen Jump

La irrupción de Eri en su vida fue, al mismo tiempo, una forma de salir de la frustración que le generó la muerte de su madre, pero poco a poco se convirtió en la misma pena, pues fue presa de la película que Yuta escribió para su vida; ella, poco después de terminar la nueva cinta de Yuta, muere… pero esta vez sí pudo grabar su vida hasta su muerte.

A partir de este momento, Yuta entra en un limbo del que le es imposible salir. A pesar de concretar una película que pudo presentar en la escuela, redimiéndose tanto de profanar la muerte de su madre como de la culpa que le generó no haber podido grabar el momento de su muerte, el resultado fue el mismo: Eri murió y él quedó con la misma carga sobre los hombros.

El retrato involuntario: La muerte para Fujimoto

Fujimoto plantea un retrato involuntario (como lo explica Marina Azahua en su ensayo del mismo nombre) en la manera en que se presenta la idea del cine en Goodbye Eri. Aquello que graba Yuta en primera instancia, es footage casual y cotidiano, uno que se asume natural y parte de un documental que solo termina con ficción.

En su segunda experiencia, construye un guion y una narrativa que se sirve de esa primera experiencia documental para lograr ficción. Solo que en esta ocasión el paralelismo es que el final es realista y supera a la ficción.

La disolución de la barrera entre ficción y realidad es el punto central del cine y de la toma videográfica como un ejercicio de retrato involuntario. Lo que vemos detrás de una lenta y en pantalla es una muestra reducida, recortada y deliberada del mundo. Una que solo el autor sabe hacia qué orden está dirigida.

Aquello que se muestra es solo lo que puede ser interpretado | Fuente: Shonen Jump

Para Yuta era importante no mostrar a su madre hostigándolo con grabarla, así como no revelar que la grabación era solamente parte de un posible documental futuro si es que lograba recuperarse. De la misma forma, con Eri solamente era posible saber aquello que él vio de ella y pudo plasmar en una película.

La vida que vemos y aquella a la que le damos sentido es la que solamente podemos ver con nuestros ojos. La percepción del mundo que tenemos es solo la que tenemos y solo la que vemos; fuera de ella, todo lo que se extiende es solo ruido de fondo que se perderá en el momento en que alguien lo olvide… o mejor dicho, en el momento que alguien no lo recuerde.

¿Qué merece la pena ser vivido? La pregunta debería ser más bien qué merece la pena ser recordado. ¿Aquello que se repite en bucle y atormenta la memoria como una nube gris?, ¿o aquello que duele y desarma el alma cada que se recicla una fecha en el calendario? ¿Es más valioso un recuerdo bello pero recortado o uno cruel y vívido?

Goodbye Eri es el manga más grande de Fujimoto | Fuente: Shonen Jump

La respuesta es dinamitarlo todo y explotar antes de que llegue el olvido. Adiós, Eri.

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